Escándimor, un mes después: los versos que lo rompieron

A finales de julio publiqué Escándimor, la sección de métrica de Iedra: pegas un poema y te devuelve la medida de cada verso con la cuenta explicada paso a paso. La probé con baterías de tests, poemas escandidos a mano y analizadores académicos, pero tardaron dos días en romperlo.

El 1 de agosto, Juan Gabriel López Guix escribió por Bluesky que el analizador no reconocía la cesura en versos compuestos (sobre todo en dodecasílabos) ni pillaba la rima con diptongos. Poco después, en el mismo hilo, José Antonio Millán pegó el primer cuarteto de «Caupolicán», de Rubén Darío, y el escáner lo daba como versos de quince sílabas.

Que dos especialistas de esa talla se pongan a probar la herramienta da un poco de respeto, pero ha sido muy provechoso.

La cesura en los versos compuestos

En un verso simple se cuentan las sílabas de corrido y se aplica la ley del acento final. En un verso compuesto (alejandrinos, dodecasílabos, arte mayor), una pausa obligatoria llamada cesura divide el verso en dos hemistiquios, cada uno con su propio acento final, y la sinalefa no cruza la cesura.

Si se mide un verso compuesto como si fuera simple, el resultado casi siempre falla: en el banco de control de Escándimor hay 191 versos compuestos, y en 44 de ellos (un 23 %) la cuenta simple no coincide con la medida métrica real.

El cuarteto de Darío que pegó Millán ilustra el problema:

Es algo formidable que vio la vieja raza:
robusto tronco de árbol al hombro de un campeón
salvaje y aguerrido, cuya fornida maza
blandiera el brazo de Hércules, o el brazo de Sansón

Son cuatro alejandrinos (7+7), pero el motor intentaba deducir el metro antes de probar las particiones por cesura. Con cuatro cuentas simples de quince sílabas, decidía que el poema era de quince y no buscaba la cesura. Ahora el motor prueba las particiones antes de fijar el metro y lo escande correctamente como cuatro alejandrinos con rima ABAB.

Además, la cesura ha pasado a mostrarse en la propia línea con la doble barra habitual en las ediciones (como usa Quilis para los alejandrinos de Zorrilla), en vez de quedar escondida en el desplegable de pasos.

Los versos de «La caza del Snark»

Lo más difícil de arreglar llegó cuando López Guix probó con cuartetas de su propia traducción de La caza del Snark, de Lewis Carroll (recién publicada en Folioscopio). La primera que pegó fue esta:

–¡Al Snark aquí hallaremos! –exclamó Badajero
con tiento a tierra a sus hombres llevando,
por encima del agua a todo sosteniendo
con un dedo en el pelo entrelazado.

Su esquema métrico (impares alejandrinos de 14 y pares dodecasílabos de 12, «no 6+6, sólo de 5 y 7») no es una interpretación: es como los construyó él. Escándimor la daba como endecasílabos, con el primer verso medido en quince. Dos semanas después mandó tres cuartetas más del mismo poema («Le dieron magdalenas, le dieron mucho hielo…»), que fallaban por otros sitios. En total, seis motivos combinados:

  1. e- protética: el español no tolera s + consonante a principio de palabra y, al pronunciar un extranjerismo que la trae, le antepone una e (spinespín). El transcriptor de Escándimor hace lo mismo, y por eso contaba «Snark» como dos sílabas; el autor lo había versificado como monosílabo y su alejandrino salía pentadecasílabo. Leerlo siempre sin la e tampoco vale: en los sonetos modernistas hay snob, splin y smocking que el poeta sí contó con ella. Ahora la e se quita solo cuando es ella la que descuadra el verso y la medida resultante la sostiene el resto del poema. Sobre 69.000 versos de control, la e se quita solo en dos, los dos bien («Scherezade se entredurmió», de Darío), y se queda en los cuatro donde sí cuenta. De paso, dejó de aplicarse a palabras con w semivocal (swing, swami).
  2. Convivencia de alejandrinos y dodecasílabos: para no dar por rotos versos con ligeras variaciones, el motor busca un metro dominante y cuadra las desviaciones de una o dos sílabas con licencias. Como entre 14 y 12 hay justo dos sílabas de margen, el sistema fundía los dos metros en uno y obligaba a la otra mitad de los versos a cuadrar con licencias. Ahora solo admite un segundo metro si recibe versos limpios (sin licencias). Con esta cuarteta ni eso bastaba: un doce de 7+5 con sinalefa en la cesura («con tiento a tierra ‖ a sus hombres llevando») cuenta once leído de corrido, siempre, así que el doce no aparece en ninguna cuenta y no hay verso que lo respalde. En otra cuarteta el motor llegó a inventarse un hiato en «era aquel Snark» para estirar un dodecasílabo perfecto hasta catorce, conservando de paso la e que sobraba. Lo que resuelve estos casos es la rima: si los versos que riman entre sí cuadran contra la misma medida y los de la otra rima contra la otra, las dos alternancias parten el poema por el mismo sitio. Las dos cuartetas salen ya como las escribió su traductor.
  3. Dodecasílabo 5+7: se ha incorporado esta partición al repertorio (hasta ahora solo contemplaba 6+6 y 7+5), documentada con su cita de Caparrós.
  4. Cesura tras palabra átona: en otra de sus cuartetas, el enumerador admitía fronteras como «mientras más rondas a ‖ todos les servía», dejando la preposición aislada en el primer hemistiquio. Prohibida la cesura tras palabra átona, el verso queda en 5+7 limpio.
  5. Cuartetas asonantes y romance: una cuarteta suelta ABAB se clasificaba erróneamente como romance (-A-A) porque el detector solo comprobaba la rima en los pares. Ahora se verifica si los impares riman entre sí.
  6. Signos tipográficos: el signo menos () en lugar de la raya se quedaba pegado a la última palabra (servía−) y rompía la consonancia con venía.

Con estas correcciones, las dos primeras cuartetas de la segunda tanda salen hoy así:

Panel de resultados de Escándimor para las dos primeras estrofas del poema. La cabecera dice «8 versos heterométricos (dodecasílabos y alejandrinos), rima asonante» y debajo el esquema de rima asonante A B A B C D C D. Siguen los ocho versos, cada uno con una doble barra azul marcando la cesura y una etiqueta verde con su medida. Impares en 14 y pares en 12, con la cesura marcada en su sitio. El verso 6 es el único que va 6+6 porque no admite otra división.

Los tratados métricos como banco de pruebas

La lección de estos casos es que el banco de pruebas original se centraba en formas clásicas (sonetos, romances, silvas) y apenas cubría versos compuestos ni metros modernos.

Para resolverlo sistemáticamente, pasé el analizador por los ejemplos reales que los propios tratados incluyen para definir cada fenómeno:

  • Sobre el Diccionario de métrica española de Caparrós (77 metros con ejemplo), el motor acierta 70 a nivel de poema.
  • Sobre el repertorio de Navarro Tomás en su Métrica española (73 formas comprobables), acierta 70.

De los diez fallos, ocho no son del motor: ejemplos que no son isométricos a propósito (un pie quebrado al final, una estrofa sáfica, el marco polimétrico de una fábula de Iriarte) y que el barrido daba por fallo al esperar un metro único. Los que sí son límites reales son dos, y los tenía declarados: los versos ternarios (el dodecasílabo 4+4+4 o el tridecasílabo 4+4+5, que no caben en un modelo de dos hemistiquios) y el verso de medida fluctuante (la gaita gallega, el arte mayor), que se rige por acentos y no por sílabas.

Este barrido encontró otros dos problemas: el decasílabo compuesto 5+5 con esdrújula en cesura («voz a mi cítara ‖ materia al verso», de Moratín) y la cesura épica.

Ritmo por hemistiquios

En «−¡Escuchadme, amigos, ‖ romanos, compatriotas!», el motor medía 14 sílabas con hiato, pero la línea de acentos rítmicos contaba 13 aplicando la sinalefa que el hiato acababa de deshacer.

El cálculo del ritmo se ha rehecho para aplicarse sobre la lectura reconciliada con sus licencias y, en los versos compuestos, para computar los acentos por hemistiquios independientes (como hacen Quilis y Navarro Tomás), mostrando la rejilla partida con doble barra. De paso, el motor ha aprendido a nombrar variedades rítmicas trocaicas y dactílicas en metros simples y a clasificar formas como el tridecasílabo («alejandrino a la francesa»).


Nada de esto habría salido sin los avisos en Bluesky de Juan Gabriel López Guix y José Antonio Millán. Si probáis Escándimor con poemas que sabéis escandir y encontráis lecturas que no cuadran, escribidme o avisadme: un poema que rompe el motor me sirve más que diez que salen bien.